A veces se pierde la fe y un arrebato de locura nos obliga a desconectar todo vínculo con la naturaleza de origen. La inmolación adquiere, entonces, sentido de purificación. OREJAS DE BURRO tuvo una época, un ciclo y un amor interrumpido a la palabra. Hoy renace, en la terquedad, el sueño y la esperanza, gracias a la flaca voluntad de una razón en la conciencia, que salva a las OREJAS del naufragio.
domingo, 8 de febrero de 2009
ANUNCIACIÓN
miércoles, 4 de febrero de 2009
CELEBRACIÓN
MALDICIÓN
domingo, 25 de enero de 2009
LOS OCHO MISTERIOS DE HELENA
martes, 20 de enero de 2009
PASIONES
Amiga, hace unos años conocí a una mujer casada con un buen amigo mío y compañero de la oficina de telégrafos donde trabajo. Lo recuerdo muy bien, era una tarde en penumbra y ella y su marido estaban con otros compañeros charlando bajo las sombras de los nogales iluminadas por las farolas tenues en el jardin de los coyoles amarillos. Me acerqué a saludar al grupo y amablemente mi amigo me presentó a su esposa. Sé que la socarronería y el arrebato de este recuerdo te pueda resultar chocante; pero la verdad es que cuando ella se volvió para saludarme, su sonrisa y la expresión de su rostro iluminaron más aquel momento. Era un verdadero ángel, una mujer sencilla, elegante, atractiva y alegre, también muy joven y de un espiritu doblemente jovial. Sonrió y me saludó con un halago inesperado que me ruborizó. Me sentí invadido de un extraño sentimiento de envidia y perversión. Afortunadamente lo que dice la nueva litaratura de una ciancia, que en Europa (dicen) está despertando gran interés por los aciertos sobre la conducta humana, impuso el rigor del SUPER YO al instante; y el momentáneo deseo pecaminoso hacia la mujer de mi prójimo y amigo se desvaneció; y la perversión desatada desde que la vi de espaldas en aquel grupo sin saber quién era ella, los sacudió la brisa vespertina del verano. Pero en confianza te confieso que inmediatamente me eanmoré de ella. Pasé muchos meses, años incubando la pasión, el deseo y el amor hasta que en un verano tibio y húmedo tomé la decisión de invadir por asalto su alma y su cuerpo. Cómo olvidar aquella noche en que la luz se hizo presente en el asiento de mi auto, cómo reinvindicar la traición a mi amigo, cómo resarcir la moral perdida, cómo abandonar su cariño si el amor nos unió en el silencio de la eternidad. Desde entonces la luz, su luz, ilumina mi vida. La amo intensamente y no sé si la merezca o no, pero me resultaría imposible vivir sin su presencia.
Tú que eres tan sabia, tan inteligente, tan amiga, tan mujer, ¿crees que hago mal en estar enamorado así de una mujer que no me pertenece? Espero ansioso tu pronta respuesta. Gracias por leerme, te quiero mucho.
Ángel Reyna
jueves, 25 de diciembre de 2008
ESCOLÁSTICA
En el trajinar cotidiano, las cosas se suceden a veces sin el recato de la reflexión. La rutina es la repetición interminable de los rituales. El despertador marca la hora de arranque y surgen las mismas y trilladas frases del día: A bañarse; ya se está haciendo tarde; que les vaya bien; cuídate; buenos días; trajeron la tarea… Interrogantes o exclamativos, Mariel ha aprendido el secreto de estos formalismos y puede anticipar la respuesta esperada por su interlocutor. Pero hoy, su maestro de Español lanzó una imperativa frase al grupo que a Mariel la hizo dudar. Regresó a casa angustiada cuestionando a su madre:
-Mamá: ¿dónde se guarda el silencio?
domingo, 14 de diciembre de 2008
ESTAMPA DE MEDIA TARDE
Ayer miré al ladrón de sueños vagando en los rincones de esta ciudad, marchita por la edad acumulada, dando tumbos en su nostalgia. Con las manos en los bolsillos y pateando un bote de cerveza vacío, la desesperación era su signo y la soledad un fardo de angustias. Un poco encorvado. Abrazándose a sí mismo, como quien protege el último pedazo de recuerdo, pasó frente a mí, que me asoleaba un poco para mitigar el frío de diciembre, y pude ver la desgracia en sus ojos de pescado congelado. Su rostro envejeció en la ausencia, en ese rumor opaco que dejan las hazañas de los amores fatuos. Sorbía los mocos del abandono y en la incoherencia de su monólogo murmurante escuché el nombre de una mujer. Helena, dijo, y por un momento pensé que podías ser tú, la misma que dejó la desolación en Troya.
GUILLERMO BERRONES
